las análisis y los ensayos + Gérard Lutte - 2008 Octubre 4
SIN LAS Y LOS JÓVENES NO SE PUEDE CONSTRUIR UNA ALTERNATIVA GLOBAL DE AMISTAD
En el primer encuentro, hemos visto como el imperialismo amenaza la sobrevivencia de la humanidad y de nuestro planeta y que es extremadamente urgente sustituir este proyecto de muerte con un proyecto de vida que sólo las muchachas y muchachos y todas las personas, las clases sociales y los pueblos oprimidos pueden construir.
Quisiera presentar sobre este tema unas reflexiones que se basan en la pedagogía de la amistad liberadora formulada por Giulio Girardi y, sobre todo, en mis experiencias con movimientos de liberación de jóvenes como la “Juventud Obrera Cristiana”, los jóvenes sandinistas que lograron derrocar la dictadura de Somoza y del imperialismo yankee, las experiencias de los jóvenes europeos de las olas de la contestación estudiantil y de las comunidades cristianas de base, los grupos juveniles del asentamiento de Prato Rotondo y del barrio popular “La Magliana” de Roma. Mis principales inspiradores son las muchachas y muchachos organizados en el “Movimiento de Jóvenes de la Calle” en Guatemala, mis maestras y maestros de vida.
El tema es muy complejo porque se tendría que analizar el proceso que permite a los jóvenes volverse responsables de sí mismos y de comprometerse con una organización que busca la justicia, el funcionamiento de los grupos juveniles autogestionados capaces de una acción liberadora, las alianzas a nivel nacional e internacional entre movimientos juveniles de liberación, la colaboración con otros movimientos de liberación: los indígenas, las mujeres, las clases populares, los sindicatos, etc. Y, para finalizar, la colaboración con los gobiernos que representan los intereses de su pueblo y combaten la globalización neoliberal. En su continente existen varios países que tienen esta opción.
En mi relación voy a tratar sobre todo el proceso de concientización y responsabilización de los jóvenes.
VALORES ALTERNATIVOS
Una alternativa al proyecto de la globalización neoliberal no puede ser elaborada sólo a partir de un análisis de la sociedad actual, sino exige la elección de valores y de principios alternativos.
El primer principio: SÓLO UN PROYECTO GLOBAL DE AMISTAD PUEDE SUSTITUIR EL PROYECTO DOMINANTE DE ODIO Y DE EXTERMINACIÓN. La aberración que provocó el fracaso de muchas revoluciones es la de haber querido combatir regímenes opresores utilizando sus mismos métodos de violencia y de autoritarismo.
La amistad es la antítesis de la violencia, la forma más noble, el modelo ideal de las relaciones entre las personas y los pueblos porque es respeto, igualdad, compartición, ayuda y ternura. Es universal, abraza a todas las personas , inclusive a los enemigos.
El segundo principio de un proyecto alternativo es EL RESPETO DE CADA PERSONA, la convicción de que cada ser humano puede cambiar aun si es el peor de los opresores. Este principio tiene una base psicológica: la contradicción estructural de cada persona permite un cambio continuo hacia la liberación o hacia la opresión. Para los cristianos tiene también una base espiritual: “Cada jóven, decía Cardijn, fundador de la JOC, es más importante que todo el oro del mundo!”.
El tercer principio es la AUTODETERMINACIÓN, EL RESPETO DE LA LIBERTAD DE CADA JOVEN que tiene que recuperar en su propia vida la condición adulta entendida como responsabilidad hacia sí mismo y los otros.
El cuarto principio: los GRUPOS JUVENILES TIENEN QUE SER AUTOGESTIONADOS. Las muchachas y muchachos mismos tienen que dirigir su propio movimiento. Los adultos tienen sólo una función de guía, de orientación y de consulta técnica.
El quinto principio: en una sociedad machista una alternativa tiene que promover LA PARIDAD ENTRE LOS GÉNEROS, defender los derechos de las mujeres, promover su participación con la convicción que su aporte es indispensable para la construcción de una sociedad respetuosa de la vida y de los seres humanos.
Sexto principio: LA EDUCACIÓN Y LA FORMACIÓN INTEGRAL SON UN MEDIO NECESARIO PARA LA LIBERACIÓN DE LOS EXCLUIDOS. Se tiene que ayudar a cada joven a formar un pensamiento crítico y autónomo y a liberarse del pensamiento único trasmitido por los medios de comunicación de masa mediante el cual se busca que los oprimidos acepten su condición como natural e inevitable.
Séptimo principio: LAS PERSONAS MÁS POBRES, más excluidas, que son consideradas las últimas, son las más importantes, MÁS CAPACES DE CAMBIAR EL MUNDO librándose ellas mismas; sólo estas personas pueden liberar y mejorar la sociedad liberándose. No podemos regalarles la liberación, sino sólo ayudarles, siendo al mismo tiempo ayudados por su lucha de liberación y de búsqueda de la felicidad. No es posible alcanzar los objetivos de un proyecto alternativo sin creer en las y los jóvenes marginados, en su inteligencia, sus valores, su corazón, su capacidad de cambiar y de luchar, de volverse responsables de la sociedad.
CONCIENTIZACIÓN Y RESPONSABILIZACIÓN DE LAS MUCHACHAS Y MUCHACHOS EXCLUIDOS
¿Cómo pueden muchachas y muchachos de las clases oprimidas que generalmente han estudiado poco, que no tuvieron la posibilidad de desarrollar estrategias cognitivas facilitadas en la escuela, que no están acostumbrados a reflexionar sobre la sociedad, que leen poco o nada, que viven en condiciones de pobreza o de miseria, que están obligados para sobrevivir a pedir limosna o a robar, que no tienen una casa, que inhalan solvente o consumen otras drogas, que hacen parte de una pandilla o grupo de calle, cómo pueden esas y esos jóvenes decidir formar parte de un movimiento y luchar por el cambio de la sociedad?
Seguramente no es fácil pero muchas experiencias prueban que es posible. Se trata de un proceso muy largo y complejo, que involucra la totalidad de la persona y que comporta una toma de conciencia con varias etapas: darse cuenta que no se está bien, que se es marginado, que sus derechos no son respetados; darse cuenta que todas las y los jóvenes de su grupo social viven esta injusticia; darse cuenta que esta condición no es natural, que no depende de la culpa de los jóvenes o de sus familias, sino de la organización de la sociedad, de la violencia de las clases opresoras; darse cuenta que esta situación puede cambiar si los marginados toman conciencia, si se organizan, si elaboran proyectos diferentes de sociedad, si se unen a otras organizaciones populares para cambiar la situación, para restablecer la justicia.
La toma de conciencia comporta elaboraciones graduales muy complejas, debe ser profundizada durante toda la vida, no es nunca totalmente completada. Comporta aspectos diferentes, no necesariamente unidos entre ellos: hay una conciencia nacional en relación con el dominio de los Estados Unidos, de los otros países ricos y de las multinacionales; una conciencia de edad o de generación en relación con la hegemonía de los adultos; una conciencia de género en relación con la opresión del machismo; una conciencia de la calle en relación con la marginación de la sociedad; y muchas otras formas de conciencia en relación con otros tipos de opresión: conciencia étnica, homosexual, de los discapacitados, etc.
Pero para comprometerse en la organización y en la lucha, es necesario mucho más que una toma de conciencia, o sea, un modo distinto de ver la realidad social y personal. Es indispensable una profunda re-estructuración de la personalidad que analizaremos en seguida.
La toma de conciencia y el compromiso para cambiar la sociedad no se dan normalmente antes de la adolescencia, si bien se pueden encontrar algunas anticipaciones en la infancia. Por ejemplo, bajo la influencia de circunstancias políticas en un contexto revolucionario o de contestación estudiantil, o si los padres están comprometidos en las luchas sociales y políticas.
Durante la adolescencia, los jóvenes adquieren las capacidades cognitivas de los adultos que les permiten comprender la sociedad a un nivel más abstracto, darse cuenta de las causas socio-económicas de las injusticias, e imaginar otras formas de organización social. Además, durante la adolescencia, los jóvenes desean y se vuelven capaces de actuar de manera autónoma y responsable.
No sólo las y los jóvenes están marginados en la sociedad sino también las niñas y niños, y justamente el Manthoc (una asociación autogestionada por niños y adolescentes trabajadores de la calle) reivindica para ellas y ellos el derecho a un trabajo digno.
Decir que la adolescencia es generalmente el tiempo de la toma de conciencia y del compromiso sociopolítico, no significa que esto suceda necesariamente durante este período. Generalmente los cambios dependen no de la edad, sino de circunstancias favorables, como el encuentro con personas que facilitan opciones personales. Pueden suceder a cualquier edad. Los itinerarios son innumerables, únicos y excepcionales. Hay instituciones y circunstancias que pueden favorecer u obstaculizar la toma de conciencia y el compromiso militante. Habitualmente la familia, la escuela, las instituciones religiosas, la organización del trabajo, los medios de comunicación de masa, los estados, favorecen la subordinación y la aceptación de las injusticias sociales.
Los cambios profundos en la vida son siempre una opción personal y esto explica por qué jóvenes sometidos a la influencia de las mismas circunstancias, que son compañeras y compañeros de escuela o de trabajo, hermanas o hermanos, miembros del mismo grupo, hagan opciones diferentes. El compromiso es una opción libre.
INICIO DEL PROCESO DE RESPONSABILIZACIÓN
En la base de la toma de conciencia hay un sentimiento difundido de malestar, frustración, descontento en relación con la sociedad y en relación con sí mismo, la sensación de no sentirse respetados, de no poder satisfacer las aspiraciones humanas fundamentales. En este tiempo de mundialización neo-liberal, de la dictadura mundial del dinero, la mayoría de los jóvenes y de las personas de las clases populares, de los habitantes del así llamado Tercer Mundo, sufren de estas frustraciones: no son respetadas como personas, son víctimas de la violencia de la explotación y de la exclusión. Los niños, niñas, jóvenes de la calle, son la punta extrema de este proceso de exclusión, personas inútiles para la ganancia y producción de riqueza. Son las personas que más sufren en su propio cuerpo, en el alma y corazón, de la crueldad de los dueños del planeta.
Pero los sentimientos de frustración y malestar, por sí mismos, no llevan al compromiso; al contrario, pueden favorecer posturas individualistas, la fuga, la evasión en el consumismo, la delincuencia, la drogadicción.
Una respuesta constructiva a la frustración de parte de los jóvenes se basa en las exigencias que sienten intensamente: necesidad de amistad, de vida de grupo, de ser respetados y tratados como personas autónomas. El grupo de la calle y las bandas juveniles de los barrios populares son medios indispensables para crear una sociedad alternativa a las que excluye y oprime. Lo que afirmo puede sorprender y lo digo porque no podemos colaborar a la criminalización de las pandillas de los jóvenes, que son formas de protesta de los adolescentes excluidos. Tenemos que trabajar con ellos para que contribuyan a una alternativa.
AL INICIO ESTÁ LA AMISTAD
La toma de conciencia, generalmente, inicia con un encuentro significativo, con la amistad con una persona. Al principio está la amistad, porque ella da una respuesta a muchas necesidades. Permite la identificación con la persona encontrada. El amigo se convierte en modelo a imitar.
Al principio del camino de concientización no hay, generalmente, un proceso intelectual, sino una amistad. El aspecto emocional es sumamente importante, ya que la persona en su totalidad se encuentra involucrada en este proceso. Para enfrentar las renuncias y los riesgos que comporta el compromiso socio-político, es indispensable algo más que la simple comprensión intelectual, es necesario el impulso afectivo que surge del amor recíproco entre amigos y amigas.
La amistad libera a la persona misma que se porta como amiga hacia los otros: la amistad es amor de sí mismo antes de ser amor de los otros.
La falta de amistad es una herida interior que limita gravemente la libertad. Sin amistad uno se siente infeliz y sus sufrimientos son como una cadena interior que no le permite tener relaciones buenas con las otras personas, que lo llena de rencor y envidia, que afecta su trabajo, su vida con la propia familia.
La amistad es liberadora porque te hace sentir importante para la otra persona, promueve en el amigo la autoestima, la confianza en sí mismo.
La amistad facilita la libertad. La amiga, el amigo no manda, respeta la autonomía, es igual, no es superior. En los grupos de la calle a menudo he escuchado decir: “aquí nadie manda a nadie”. Eso es amistad.
Con una amiga, un amigo, uno puede expresarse, decir lo que siente, confiar sus problemas, sus ansiedades y eso te libera porque favorece la salud mental, el equilibrio emocional. El amigo escucha con atención e interés, no te juzga, te acepta como eres y eso te ayuda a aceptarte, a valorar tu vida, a no ser víctima de los prejuicios de la gente.
La amiga, el amigo libera y amplía tu mente, te hace crecer mentalmente porque se discute con él varios problemas en una relación de igualdad, nadie impone sus opiniones, los distintos puntos de vista son confrontados, profundizados, y así crece la inteligencia, es decir el conocimiento de la realidad. Una relación de amistad permite conocer a las personas, sus pensamientos, sus emociones.
El amigo ayuda a crecer, aconseja, critica y es escuchado porque sus palabras están dictadas por la benevolencia. La amistad ayuda también a no sentirse abrumado por el sentimiento de soledad.
La amistad ofrece una compensación a los límites personales, asegura, ayuda, favorece la alianza contra los peligros.
La Biblia dice: “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Hay otra traducción: “Ama a tu prójimo porque él es tú mismo!”. Quien odia a una sola persona se odia a sí mismo, quien ama a todos, se ama a sí mismo. No hay humanidad, no hay felicidad afuera de la amistad. No hay felicidad en la riqueza, en el poder, en la explotación, sólo en la amistad. La amistad es Dios en cada uno de nosotros, la amistad nos hace diosas y dioses.
El proceso de identificación, generalmente, se verifica entre personas del mismo género. Por esto es importante la presencia en los grupos mixtos, de un acompañante de cada género. En las relaciones entre personas jóvenes de géneros diferentes, entran en juego factores de atracción que pueden obstaculizar, más que facilitar, un proceso de identificación.
LOS GRUPOS Y MOVIMIENTOS DE JÓVENES, SUJETOS DE CAMBIO SOCIAL
La iniciación al compromiso social, no se realiza únicamente en una relación entre dos, sino sobre todo en un grupo, porque el grupo da una respuesta a muchas necesidades de los jóvenes. Por esto es importantísimo trabajar con los grupos de la calle o con las pandillas, tratando de formar movimientos como confederaciones de grupos.
Después de la formación de relaciones de amistad con grupos de jóvenes, ¿cómo se desarrolla el proceso de concientización? En principio, consiste esencialmente en hacer, de manera más sistemática y profunda, lo que se hace de manera espontánea en cada grupo de amigas y amigos: hablar de los problemas personales, de las propias experiencias. Luego, de manera progresiva, el acompañante orientará a encontrar las causas y posibles soluciones.
A los jóvenes les gusta mucho hablar de sí mismos cuando se sienten escuchados con respeto. Algunos son más tímidos, no están acostumbrados a expresar pensamientos y sentimientos íntimos, necesitarán más tiempo para abrirse, salir del propio cascarón y comunicarse con los otros. Pero la necesidad de expresarse, ser escuchados con atención y sin riesgo de sentirse juzgados, siendo al contrario respetados y aceptados, es una exigencia fundamental de cada persona que tiene necesidad de sentirse reconocida en el misterio de su unicidad, de salir del anonimato y uniformidad, que cancelan la individualidad en nuestras sociedades computarizadas. El diálogo entre las personas es indispensable para el desarrollo personal, al punto que un individuo no puede volverse persona y reconocerse como tal, si no es reconocido así en el diálogo con otras personas.
Una etapa importante, es el paso de la toma de conciencia al compromiso para el cambio, es el empezar con acciones para resolver un problema concreto. La acción educativa no puede limitarse a discusiones que rápidamente aburren, sobre todo si no se refieren a problemas vitales de los jóvenes, sino que debe estar estrechamente ligada a acciones para mejorar las condiciones de vida. Por ejemplo, la acción de la JOC se resume en la premisa “Observar, Analizar, Actuar”, en la cual el observar y analizar desembocan en el actuar.
La primera etapa de la acción es el análisis del problema y de sus causas, la planificación de la lucha que comporta la definición de los objetivos, de los medios y de las varias fases. Una acción no debe ser aislada, sino programada como el inicio de un proceso más amplio para alcanzar objetivos cada vez más importantes para los jóvenes y llegar a formar movimientos transnacionales. La mara “salvatrucha” nacida en los Ángeles, es la prueba de la capacidad de los jóvenes de organizarse en un movimiento transnacional porque están presentes no sólo en Los Estados Unidos, sino también en El Salvador, Honduras, Guatemala y otros países de América Latina y de Europa.
Después de la toma de conciencia y del compromiso con el movimiento, se podrán completar la formación del joven con otras técnicas de conocimiento de la realidad y de métodos para cambiarla tipo las investigaciones participativas, sesiones de formación, encuentros a nivel nacional o internacional, intercambios con movimientos de otros países.
NO HAY VERDADERA REVOLUCIÓN SIN UN CAMBIO RADICAL DE LAS PERSONAS
La toma de conciencia y la identificación con un movimiento, corresponde a una re-estructuración de la personalidad, del sistema de valores, de los proyectos de vida, de las relaciones con los otros, de la visión del mundo. Es un pasaje del odio al amor o de la muerte a la vida. Las relaciones que se establecen en los grupos de los movimientos ayudan a las muchachas a librarse del machismo y a instaurar relaciones de paridad con los muchachos. También la concientización y el compromiso militante ayudan a superar la timidez, la falta de autoestima, los sentimientos de inferioridad, de incapacidad que, a veces, son percibidos como características naturales de la persona, mientras que son el resultado de la marginalidad y de la humillación que sufren los jóvenes más pobres. La sociedad dominante, les convence que son ellos los responsables y culpables de su propia condición.
También las relaciones con los otros cambian profundamente; se hacen más intensas, más amigables, más confiables; se aprende a escuchar, comprender, respetar. También la visión de la vida, de la sociedad, cambia radicalmente y los jóvenes se liberan de la fatalidad de la exclusión y de la necesidad de la violencia. Hay también un cambio radical en el modo de vivir la espiritualidad que he analizado como pasaje de la religión que sacraliza la dependencia a la libertad del evangelio.
La formación de movimientos de jóvenes capaces de cambiar el curso de la historia, es un desafío en apariencia inalcanzable, porque la fuerza de los dueños del planeta parece invencible. También porque encuentra obstáculos en las muchachas y muchachos y en los mismos educadores. Pero si no buscamos lo imposible, no podemos cambiar lo existente.
La historia no ha terminado, otro mundo es posible y no se puede construir sin la participación de las y los jóvenes. Es la responsabilidad de ellas y ellos de alcanzar el desafío de resistir a la dictadura mundial del dinero y de inventar un mundo nuevo, un mundo de amistad, en unión con las y los jóvenes de todos los pueblos de la tierra.
Gérard Lutte